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domingo, 3 de abril de 2011

Arte/ George Grosz: un pequeño sí y un gran no


          Escena callejera 1925

George Grosz, seudónimo de George Ehrenfried (Berlín 1893-1959), fue un pintor alemán con un inmenso talento artístico. Emergió en la pintura con sus -casi caricaturas- las que se enfrentaron a un mundo civilizado, que ya a comienzos del siglo XX sufría unas carencias humanas visibles para un buen observador. Su estilo recuerda inevitablemente a las viñetas aparecidas en algunos periódicos, como sintomática exposición de un mundo que ya resultaba sospechoso para unas cuantas mentes lúcidas. Su formación artística la empezó en Dresde (1909-1911) para continuar en 1912 en la escuela que dependía del Museo de Artes y Oficios de Berlín, escuela donde afirmó sus dotes de caricaturista. Entre ambos estudios sumó un total de 8 años.


                                     Apoyo a la sociedad -1926

París, Francia fue el lugar donde por aquellos años ya empezaba a dibujarse, aunque tímidamente, el dadaismo, y ya se definía el expresionismo. Allí, en la capital francesa, fue donde George Grosz permaneció estudiando en la Academa Colarossi.
Sus primeras pinturas resultaron monstruosas y obscenas. Algunos vieron en su obra influencias de Toulousse-Lautrec. Otros le acercaron a la corriente artística de lo que se llamó ¡Fuera Máscaras! o Nueva Objetividad.
A partir de la Primera Guerra Mundial, sus trazos se volvieron más seguros, y los temas que abarcó, más violentos. Sus dibujos y pinturas transmitían su aborrecimiento por el dolor, y de esa huida, que las clases altas disfrazaban detrás de buenos trajes y elegantes sombreros expuestos en cafés de moda...
Sin embargo, su psique se vio perturbada por la crueldad de la guerra, al extremo que le llevó durante algún tiempo a un psiquiátrico, pero Grosz consiguió superar esta etapa, aunque prevaleció en él la inquietud por una Alemania que ya sentaba unas bases preocupantes para los posteriores delirios megalómanos y asesinos de un Hitler -que se acercaba peligrosamente al poder-.
Entonces, sus dibujos y pinturas tomaron elementos del futurismo en algunos paisajes, además de otras pinceladas del dadaismo, pero su contexto -revolucionario- que ni siquiera durante la época nazi atemperó, casi le llevó frente a un pelotón de fusilamiento.
Su pintura, lejos de la perfección y detalle de otros pintores del momento, reflejó lo que era: un grito aireado sobre una sociedad hipócrita y sumisa, que permanentemente se subleva en él mediante ácidas críticas a la clase dominante, y una cruda exposición del crimen, del sexo y la prostitución.
Otras miradas le relacionaron con La Nueva Objetividad, movimiento de poca repercusión, y de poca duración, que se extendió tímidamente entre 1920 y 1925, movimiento que estuvo incluido dentro del expresionismo.
Su primera colección de dibujos fue publicada en 1917 por la Editorial Malik, con la que continuó trabajando a lo largo de los años.
El año 1920 estaría marcado por varios sucesos: su boda con Eva Louise Peter y los primeros juicios, donde se le acusa de inmoralidad por convertirse en el afilado pincel que denunciaba un Berlín militarizado y pro-nazi. También durante este año consiguió su primera exposición individual, además de formar parte de la 1ª Exposición Internacional Dadá en la ciudad de Berlín, junto a Max Ernst, Otto Dix y John Heartfield.
Entre 1921 y 1922, se dedicó casi exclusivamente a sus caricaturas, las que denunciaban una Alemania enrarecida por las ideas nazistas. Un año después, sufrió un proceso por el contenido de cien acuarelas, que editó como Ecce Homo.
En 1925, se publicó un manifiesto, que escribió en colaboración con W. Herzfelde titulado: "El Arte está en peligro".
A partir de 1926, deja la ácida crítica social de sus caricaturas para dedicarse de lleno a la pintura clásica.
                                                   Brillante en el Café
                                            
                        Conversación política- El café



En 1933, abandona Alemania para instalarse en Estados Unidos. Allí ejerció como maestro de dibujo y pintura hasta que pudo abrir su propia escuela. Fue durante esa época que escribió el libro autobiográfico: "Un pequeño sí y un gran no", pero que no se publicó hasta el año 1946.
Durante el año 1958, regresó a Alemania perdiendo allí la vida -unos meses después- por una caída en frente de su casa.
George Grosz todavía despierta admiradores y detractores por su eficaz osadía, la que le hizo combatir una sociedad que ya se perfilaba como dictatorial y absurda. Sociedad -que todavía hoy- encuentra en el humor una manera elegante de disentir con lo establecido.

                                 Metrópolis

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