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jueves, 1 de septiembre de 2011

Pensamiento::Otras corrientes/ Erasmismo




Erasmismo

Se conoce con el nombre de erasmismo la ideología basada en las ideas y teorías de Erasmo de Rotterdam. El humanista holandés influyó considerablemente en toda Europa, pero fue en España donde su autoridad gozó de mayor aceptación. Aquí se publicaron en castellano muchas de sus obras y se hicieron comentarios a las mismas por parte de diversos humanistas de prestigio. La Universidad de Alcalá fue uno de los principales focos erasmistas en la península, pero incluso personajes muy próximos al emperador Carlos V eran declarados partidarios de Erasmo. Por señalar algún dato concreto, Juan De Valdés publicó en 1529 el Diálogo de la doctrina cristiana donde recogía las tesis erasmistas de la piedad íntima y personal. Denunciado a la Inquisición fue benignamente tratado por el tribunal que lo juzgó, compuesto en su mayor parte de teólogos próximos a las tesis de Erasmo. En esta misma línea generalizada de fervor erasmista hay que incluir la célebre e irónica frase de El BrocenseQuien dice mal de Erasmo, es fraile o es asno. Las únicas voces discordantes -le acusaban de luterano- en esta aceptación masiva provinieron de círculos cercanos a las órdenes religiosas, duramente criticadas por Erasmo y sus seguidores, aunque hay que señalar que muchos de los principales erasmistas fueron religiosos pertenecientes a muy diversas congregaciones.
En general, la lectura de las obras de Erasmo provocó en España tres consecuencias básicas: el prestigio de los estudios clásicos o de las humanidades; la acentuación de la piedad interior y personal, y una renovación de los estudios de la Sagrada Escritura que entre nosotros se encontraban en franco retraso con respecto a Europa. Y así Bataillon ha podido afirmar que para España el erasmismo fue un movimiento positivo de renovación espiritual y un esfuerzo de cultura intelectual dominado por un ideal de piedad.
Durante los primeros años del reinado de Carlos V, el erasmismo se impuso de forma absoluta en España, pero a partir de 1530 las cosas empiezan a cambiar radicalmente. En el año 1536, por ejemplo, hay noticias de la prohibición de los Coloquios de Erasmo en español. Al mismo tiempo, la Inquisición desata una dura represión contra los erasmistas, que se va a acentuar con la abdicación del emperador en 1556. En ese momento los países católicos están a la defensiva frente a la extensión de la doctrina luterana y los controles internos se multiplican para impedir el contagio. El problema radicaba en que la Inquisición consideraba a Erasmo y a sus teorías como un camino directo hacia Lutero y hacia la fe protestante.


Erasmo de Rotterdam, pintado por Holbein.


En el segundo proceso inquisitorial abierto contra Francisco Sánchez de Las Brozas, el fiscal, tras la enumeración de los cargos que pesan contra el catedrático de Salamanca concluye: Item, que de todo el discurso del dicho libro (Sobre los errores de Porfirio) se colige que es éste reo tal hereje, temerario, muy insolente, atrevido, mordaz, como lo son todos los gramáticos y erasmistas. ¡Como si el estudio de la Gramática fuera una especie de sacrílega herejía! Este hecho anecdótico nos ilustra perfectamente acerca del ambiente que en España se respiraba en la segunda mitad del siglo XVI con relación a Erasmo y sus doctrinas. Según algunos investigadores, los últimos restos del humanismo erasmista aparecen en el Quijote y en algunas Novelas ejemplares de Cervantes; erasmismo que éste habría recibido de su maestro y mentor López de Hoyos, declarado simpatizante de Erasmo de Rotterdam.


En la España de la segunda mitad del siglo XVI, llamar erasmista a un teólogo, a un profesor universitario, a un humanista o a una persona sencilla no relacionada con el mundo del saber, era una de las más graves acusaciones que se le podía hacer y, normalmente, suponía ponerlo en manos de la Inquisición. La palabra erasmismo, evidentemente, deriva de Erasmo de Rotterdam, sin duda la figura más sobresaliente del humanismo europeo de los siglos XV y XVI. ¿Qué sospechosas teorías albergó este pensador que tuvieron tan fatales consecuencias para tantos españoles de la época? 
Desiderio Erasmo de Rotterdam nació en 1467 muy cerca de la ciudad cuyo nombre tomó para sí. Hijo ilegítimo, quedó huérfano a los dieciséis años e ingresó en una orden religiosa, llegando a ordenarse de sacerdote. Posteriormente fue liberado de sus votos religiosos, aunque continuó dentro del sacerdocio. Estudió incansablemente las disciplinas humanísticas y Teología y viajó por toda Europa relacionándose con los intelectuales y humanistas más importantes de su tiempo en París, Inglaterra, Alemania, los Países Bajos, Italia y Suiza, donde fijó su última residencia y donde moriría en la ciudad de Basilea en 1536
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Puerta de la Iglesia en la que, supuestamente, Lutero clavó las tesis contra la Iglesia romana. Aunque los datos son escasos, las interpretaciones más verosímiles apuntan a que no se clavaron las tesis en lugar alguno, sino que Lutero las defendió en la Universidad.


Erasmo vivió en la difícil época de la reforma luterana, que desgarró el corazón de Europa y la dividió en dos bandos irreconciliables. El humanista holandés luchó siempre por mantener su independencia intelectual y su criterio personal en unos momentos en los que no mostrar adhesiones inquebrantables era altamente sospechoso. Su influencia en todo el continente fue enorme: fue nombrado consejero de Carlos V, Cisneros quiso incorporarlo a los trabajos de la Biblia de Alcalá, el Papa Paulo III le ofreció el cardenalato, los reyes de Francia e Inglaterra quisieron atraerlo a sus respectivas órbitas, pero Erasmo prefirió siempre su libertad personal antes que aceptar unos cargos que, en cierta medida, le obligaban con respecto a quien se los había otorgado.
La norma de su vida parece haber sido la moderación, basada en una actitud humanista de comprensión hacia todas las ideas y hacia todas las posturas. Sin embargo, lo que entonces estaba en juego en Europa era demasiado grave como para permanecer neutral. Lutero quiso atraerle hacia sus posiciones dogmáticas provocándole a aclarar su punto de vista sobre un grave problema teológico que suponía una línea divisoria entre el luteranismo y la Iglesia Católica: el margen de libertad del ser humano frente a la acción de la gracia divina. Pero Erasmo respondió con su Disquisición acerca del libre albedrío en el que se enfrentaba abiertamente a las ideas del reformador alemán. Oficialmente Erasmo había tomado partido por la Iglesia y desautorizaba las tesis de Lutero. No es de extrañar, pues, que el propio Carlos V le dirigiera estas palabras: Gracias a ti solo la cristiandad ha llegado a resultados que ni emperadores, ni papas, ni príncipes, ni universidades, ni sabios habían podido alcanzar. El emperador se estaba refiriendo, evidentemente, al inmenso prestigio del humanista holandés en la Europa de su tiempo.



Erasmo produjo una extensa obra cuyos hitos más significativos fueron los siguientes: en 1550 publica los Adagios, primer trabajo suyo que tuvo una amplia difusión. Se trata de una colección de máximas y pensamientos recogidas por el humanista de los escritores de la antigüedad clásica. En un principio fueron unos ochocientos pero, en sucesivas ediciones llegó a alcanzar los cuatro mil doscientos pensamientos.
En el Enquiridion Manual del soldado cristiano, 1504, Erasmo ofrecía un auténtico programa de renovación religiosa que pasó más bien desapercibido. Poco tiempo después, en casa de su amigo el humanista inglés Tomás Moro, redactó uno de sus más conocidos trabajos: el Elogio de la locura. En este libro, utilizando un artificio literario -la locura, disfrazada como mujer- Erasmo hace una durísima crítica de determinados estamentos y grupos sociales, políticos, culturales y sobre todo religiosos: el clero, los teólogos y las costumbres de algunos frailes que no vivían como tales. En este tratado, sobre el fondo de un escepticismo más o menos amargo, hay un intento de reforma de determinadas estructuras, sobre todo religiosas, que habían perdido el rumbo. He aquí, por ejemplo, lo que afirma de los teólogos: Quizá fuera más conveniente pasar en silencio a los teólogos y no remover esa ciénaga. Ni tocar esa planta fétida, no sea que tal gente, severa e irascible en el más alto grado, caiga sobre mí en corporación con mil conclusiones, para obligarme a cantar la palinodia, y en caso de negarme, pongan inmediatamente el grito en el cielo llamándome hereje, que no de otra suerte suelen confundir con sus rayos a quienes le son poco propicios.


Preocupado por los problemas de traducción de los libros de la Biblia y deseando aplicar a ésta los cocimientos filológicos humanistas, en 1516 presenta el Nuevo Testamento en griego, pero con una traducción latina que difería notablemente de la Vulgata de San Jerónimo, versión oficial de la Iglesia. Este hecho, que parece un mero problema especulativo, podía tener, sin embargo, consecuencias incalculables porque demostraba que la Iglesia había estado utilizando traducciones de la Sagrada Escritura que quizá no se correspondían con toda exactitud a los textos originales. Esto lo vio, por ejemplo, el profesor de la Universidad de Lovaina Dorpio, quien se dirige epistolarmente a Erasmo en estos términos: No es de creer que la Iglesia universal por espacio de tantos siglos anduviera errada; que hizo uso de la Vulgata en todos los tiempos y aun ahora la aprueba y la emplea… ¿Y cómo vas a saber tú, si te hicieras con muchos códices, cuál de ellos fue enmendado?… Yo digo adiós a los griegos y me adhiero a los latinos con fuerza, porque no cabe en mi cabeza que los códices griegos hayan conservado la pureza mejor que los latinos. Hay que recordar, a este respecto, los problemas que tuvieron Arias Montano con la Biblia de Amberes o Fray Luis de León por traducir al castellano El cantar de los cantares, y tantos otros biblistas españoles de la época.



A pesar de que ambos compartían la idea de que era necesario reformar la Iglesia católica, Erasmo se opuso a las tesis luteranas, y a la separación de la Iglesia romana.


Preocupado por los problemas de traducción de los libros de la Biblia y deseando aplicar a ésta los cocimientos filológicos humanistas, en 1516 presenta el Nuevo Testamento en griego, pero con una traducción latina que difería notablemente de la Vulgatade San Jerónimo, versión oficial de la Iglesia. Este hecho, que parece un mero problema especulativo, podía tener, sin embargo, consecuencias incalculables porque demostraba que la Iglesia había estado utilizando traducciones de la Sagrada Escritura que quizá no se correspondían con toda exactitud a los textos originales. Esto lo vio, por ejemplo, el profesor de la Universidad de Lovaina Dorpio, quien se dirige epistolarmente a Erasmo en estos términos: No es de creer que la Iglesia universal por espacio de tantos siglos anduviera errada; que hizo uso de la Vulgata en todos los tiempos y aun ahora la aprueba y la emplea… ¿Y cómo vas a saber tú, si te hicieras con muchos códices, cuál de ellos fue enmendado?… Yo digo adiós a los griegos y me adhiero a los latinos con fuerza, porque no cabe en mi cabeza que los códices griegos hayan conservado la pureza mejor que los latinos. Hay que recordar, a este respecto, los problemas que tuvieron Arias Montano con la Biblia de Amberes o Fray Luis de León por traducir al castellano El cantar de los cantares, y tantos otros biblistas españoles de la época.

La actitud filosófica y humana de Erasmo, que podríamos calificar como el justo medio, y su aversión a condenas tajantes de las ideas y opiniones contrarias hizo que su figura y sus escritos ofrecieran múltiples posibilidades interpretativas. Para algunos, el humanista holandés fue un hereje que preparó con sus tesis la Reforma luterana. Otros, por el contrario, pensaron que había fundamentado las bases de una auténtica y profunda renovación de la Iglesia, que ciertamente era necesaria e inaplazable. Finalmente, otros consideraron al estudioso holandés como un sabio humanista, indiferente a cualquier confesión religiosa concreta, sea luteranismo sea catolicismo. Desde nuestra perspectiva actual hay que decir que el autor del Elogio de la locura consideró de modo favorable algunas de las tesis de Lutero que buscaban la reforma eclesiástica, pero que Erasmo se mantuvo siempre fiel a la Iglesia Católica entre otras razones porque no estaba de acuerdo con muchas de las formulaciones luteranas, como se puso de manifiesto en el debate sobre el libre albedrío reseñado al principio del artículo.


Por otro lado, Erasmo propugnaba una religiosidad íntima y personal mediante la cual el hombre pudiera comunicarse directamente con Dios. Lo importante es la actitud interior, los sentimientos personales y la limpieza de corazón. Por el contrario, critica duramente las prácticas religiosas externas -muchas de ellas absurdas- a las que tanta importancia se daba en la Iglesia anterior al Concilio de Trento: peregrinaciones, visitas a supuestas reliquias sin ningún viso de autenticidad, ayunos, abstinencias, etc.

No pienses tú –afirmaba- que está la caridad en venir muy continuo a la iglesia, en hincar las rodillas delante de las imágenes de los Santos, en encender ante ellos muchas candelas, ni recitar las oraciones muy bien contadas. No digo que sea malo esto, mas digo que no tiene Dios tanta necesidad de estas cosas. ¿Sabes qué llama San Pablo caridad?: Edificar al prójimo con buena vida y ejemplo, con obras de caridad y con palabras de santa doctrina, tener a todos por miembros de un mismo cuerpo, pensar que todos somos una misma cosa. 

Se podrá observar la similitud de planteamientos entre Erasmo de Rotterdam y las tesis de la Familia Charitatis, a la que perteneció secretamente Benito Arias Montano.
No obstante, siempre buscando esa posición media que le caracterizó, Erasmo considera que la acentuación de la religiosidad interior es compatible con una Iglesia organizada, revitalizada y renovada. En este sentido, sus críticas a la relajación de las costumbres morales del clero y de los religiosos, a la excesiva riqueza de la Iglesia y a la preocupación de algunos Papas más por el lujo y por la ostentación que por el Evangelio estaban totalmente fundadas y eran ampliamente compartidos por numerosos sectores de toda la cristiandad.

Erasmo trató de ser un hombre conciliador en una época que exigía adoptar posturas nítidas y tajantes, cosa que chocaba frontalmente con su temperamento y con su visión humanista de la vida. El amor mutuo es el único precepto del Evangelio, afirmaba. Y partiendo de este sencillo principio, mostró un rechazo frontal a cualquier tipo de guerra, justa o injusta; se oponía tajantemente a cualquier clase de fanatismo, en una Europa que en buena medida estaba regida en el ámbito político y religioso por fanáticos de uno y otro bando; propugnaba unas relaciones humanas agradables y justas, basadas en una educación generalizada, etc.
A.A.M.












http://www.escritoresdeextremadura.com/escritoresdeextremadura/documento/art162.htm



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