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domingo, 24 de agosto de 2014

Monte Athos: Diez días en los monasterios

Diez días en los monasterios del Monte Athos


El Monte Athos es, probablemente, el lugar más impenetrable de Europa. Las mujeres y los animales hembra tienen prohibida su entrada, y los hombres precisan un permiso de ardua obtención para acceder a él.

El viaje que realicé a diez de los veinte monasterios ortodoxos del Monte Athos, en Grecia, permanece en mi memoria como uno de los más íntimos de mi vida, superando incluso al Camino de Santiago en España (donde últimamente demasiada gente va solo a hacer “footing” o a ligar). La autorización para viajar a este Monte Santo se llama diamonitirion, y es de difícil consecución; previamente se ha de exponer ante las autoridades religiosas de Tesalónica (en el “Pilgrims’ Office”) y al “Department of Political Affairs of the Ministry of Macedonia and Thrace” unos motivos claros y relacionados con la vida monástica para lograrlo, pues el Monte Athos posee un status especial dentro de Grecia, casi similar al Vaticano en Italia, aunque para asuntos religiosos se dirigen al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, como allí siguen llamando a Estambul. Diariamente conceden a diez personas el privilegio de recorrer durante cuatro días improrrogables ese territorio tan hermético, pero yo tuve la increíble fortuna de permanecer en él diez días en los cuales pernocté en diez diferentes monasterios. De los veinte, diecisiete son Griegos, uno es Búlgaro, otro Serbio y otro Ruso.

La Península de Calcídica, o Khalkidhiki, en el Mar Egeo, se compone de tres “dedos”: Kassandra, Khersonisos Sithonia, y el tercero es llamado Ágion Óros, o Monte Athos, un lugar religioso cuyo primer monasterio cristiano fue fundado en el siglo IX. Actualmente la población es de alrededor de 1600 monjes, pero en el pasado albergó a 5000. Además de los veinte monasterios oficiales también existe lo que se llama “skites”, o casas de monjes en el territorio de cada abadía (que en general son Griegas, aunque también se hallan dos skites Rumanas), y ermitas donde los monjes ayunan y realizan sus plegarias al Todopoderoso.

Cada monasterio es una maravilla y contiene tal cantidad de regalos de Reyes y Emperadores, gemas preciosas únicas en el mundo, frescos primorosamente acabados, una incalculable cantidad de iconos centenarios dibujados con maestría infinita, lámparas de oro macizo, manuscritos antiguos, Biblias de los primeros cristianos, cálices y otras reliquias, etc., además de una arquitectura asombrosa. Si se multiplican por veinte todas estas prodigiosas riquezas, los tesoros que alberga el Monte Athos están más allá de la imaginación. Cada día en los monasterios del Monte Athos era especial, como un milagro; ese peregrinaje, o viaje interior, te ayuda a apreciar mejor las pequeñas cosas y la vida te parece sagrada y bella.

A lo largo de su historia el Monte Athos ha sufrido depredaciones de piratas, sobre todo Árabes y Turcos, pero los peores latrocinios y de los que peor recuerdo guardan los monjes hasta el día de hoy, son de los almogávares, esa banda de forajidos de la Corona de Aragón (aunque hay que decir como descarga nuestra que prácticamente ninguno de esos almogávares era Aragonés propiamente, sino mercenarios Europeos y algún Catalán que otro) que degollaron a indefensos monjes y pillaron los monasterios para después llevarse a Barcelona como botín los tesoros robados a sangre y fuego. El cabecilla de esa pandilla de almogávares era el mercenario y pirata de origen Alemán Roger de Flor (que para más inri tiene una calle con su nombre en Barcelona, además de otra dedicada a los Almogávares), que fue asesinado en Adrianopolis (actual Edirne, en Turquía). A los almogávares, para vengarlo (lo que se conoce en la Historia como “la furia catalana”), no se les ocurrió otra cosa que saquear los monasterios del Monte Athos degollando a sus indefensos monjes y robando todo el oro que pudieron encontrar. Pero lo que quemaron y destruyeron era todavía más valioso que las toneladas de oro y joyas sagradas que se llevaron al puerto de Barcelona. En el monasterio de Vatopediou mataron al inofensivo abad y asesinaron a diez pacíficos monjes. El Monasterio de San Pablo fue también destruido en 1309 por ellos, y quemaron completamente los monasterios de Constamonetou y Zographou. En todos ellos torturaban hasta la muerte a los monjes para que dijeran donde habían escondido más oro.


Desde Ouranoupolis cada mañana zarpa una gabarra hacia el puerto de Dafne. A pie no está permitido viajar. Una vez que atraviesas el control mostrando tu diamonitirion puedes abordarla. Al arribar a Dafne hay que proseguir hasta Kariai, o Karies, donde de nuevo hay que presentar el permiso a las autoridades religiosas y al prefecto o representante del Gobierno Griego. Tras ese último trámite uno es libre de recorrer a placer esa península durmiendo en cualquiera de sus veinte monasterios en forma de fortalezas con la condición de arribar antes de la puesta del sol, pues sus portones se cierran hasta el amanecer.

Hay quien alquila un burro lozano para desplazarse (¡las burras están prohibidas!) pero yo preferí caminar airosamente, lo cual es lo más auténtico y apreciado por los monjes al verte arribar a pie, como el verdadero peregrino. El trekking es muy grato; cruzas gargantas, playas, selva frondosa, y se observan muchas flores salvajes por doquier, pinos en lugares insospechados, hay cantos de pájaros, el murmullo del viento, y las mariposas te persiguen. Generalmente entre monasterio y monasterio hay una caminata de 6 a 7 horas yendo despacio, disfrutando el paisaje montañoso, realizando paraditas para absorber el néctar y la ambrosia que ese mágico sendero rezuma.

Tan pronto como arribas a un monasterio has de dirigirte al encargado de acoger al visitante, que es conocido como archondaris, quien primero te invitará a un ouzo (aguardiente griego) con unos dulces llamados “baklava”, te explicará los horarios de los servicios religiosos y del refectorio, y te mostrará el Katholikon, o interior más íntimo y sagrado de la iglesia en el centro del Monasterio, que se llama Kyriako, y es el foco de reunión de los monjes los domingos y las fiestas de guardar para compartir las albricias. A continuación te mostrará tu archondariki, o habitación, que es tipo celda, donde puedes dormir una sola noche.
Recuerdo como si fuera ayer la impresión que me produjo la primera vez que me fue mostrado mi cuarto en el Monasterio de Simono Petras, entré y ¡Dios mío qué emoción! ¡Voto a bríos que aquello era de una belleza extraordinaria, superando la visión del Palacio del Potala en Lhasa! La celda que me asignaron tenía las vistas al mar y se encontraba en un piso muy alto de ese escarpado monasterio erigido sobre rocas poderosas.
Durante el yantar un monje recita en voz alta fragmentos de la Biblia (como en el Monasterio navarro de Leyre, en España) y para beber te sirven vino. Todo es gratuito en el Monthe Athos. El dinero lo repudian pues está considerado una material vil.


Dyonisios fue el segundo monasterio que visité y del que guardo también un placentero recuerdo pues me permitieron participar en las labores monacales, como por ejemplo ayudar en la cocina con las viandas para el ágape de esa noche. De esta guisa rapé berenjenas aderezándolas con especias escogidas a la par que platicaba con los monjes que dominaban el inglés acerca de su vida cotidiana y sobre los misterios de la eternidad. Me hablaron de un monje Peruano, pero en esos días se encontraba en Atenas para gestionar la renovación de sus documentos en Grecia y no pude coincidir con él. Tras la cena siempre se suelen reunir algunos monjes con los invitados para hablar distendidamente sobre aspectos de la Fe Ortodoxa al tiempo que se bebe ouzo sin coerción.


Tras Dyonisios proseguí hacia Grigoriou, luego a Philotheou y aun a Stravronikita. Mi intención era visitar los veinte monasterios del Monthe Athos durante veinte días, pero el día nono de mi peregrinaje, encontrándome en el Monasterio más grande, Magisto Lavra, un suceso infausto aconteció: un caco desalmado había robado la noche anterior un antiguo icono de uno de los monasterios. Enormemente consternados por el hurto el Consejo de Abades había decidido interrumpir la llegada de nuevos visitantes hasta que se averiguara su paradero. Los que estábamos ya allí fuimos “invitados” a dirigirnos en un plazo de 48 horas a Ouranopolis para una inspección. Tenía un último día a mi disposición y elegí visitar un monasterio extranjero, es decir, no Griego. Descarté el Búlgaro y el Serbio, y me dirigí al Ruso, llamado San Panteleimonos. Allí el archondaris era de Creta.
Ese monasterio fue otro de mis preferidos. Sus cúpulas eran de estilo bizantino y sus monjes eran todos Rusos. Algunos procedían del Monasterio de Sergei Posad, cerca de Moscú, otros de la isla de Valaam, en el interior del Lago Ladoga, y un archimandrita era originario de los monasterios de las Islas Solovietskiye, cerca de Arjanguelsk, en el Mar Blanco. Una de las características de San Panteleimonos es su enorme campana, de 15.000 kilos, que está considerada la segunda de más peso del mundo.
El día de mi partida a Ouranopolis sentí un gran vacío y mi corazón se afligió. Intuía que esos diez días eran irrepetibles. Y aunque seguí viajando durante las temporadas que mi trabajo en la Costa Brava española me permitía a lugares exóticos donde me acaecieron muchas cuitas que sorteé con gallardía y conocí a gente gentil además de contemplar innumerables fenómenos de la Naturaleza, nunca más en mi vida volví a experimentar una satisfacción interior tan profunda como esos diez días en los monasterios del Monte Athos.


http://www.viajeros.com/diarios/monte-athos/diez-dias-en-los-monasterios-del-monte-athos

lunes, 18 de agosto de 2014

Federico, poeta en Buenos Aires



(Federico García Lorca, Lola Membrives y Eduardo Marquina, 
durante la estadía del poeta en Buenos Aires.)


Federico, poeta en Buenos Aires

17AUG

En medio de debates en su país de origen sobre la conveniencia de la exhumación de su cadáver enterrado por sus asesinos franquistas en una fosa común, la magnitud de su obra no se somete a polémicas sobre exhumaciones, porque está entre nosotros, viva. La vitalidad de Federico, su sana rebeldía estalla en cada verso, en cada diálogo de sus obras que pintan mundiales aldeas de mujeres sometidas y de las otras, de Bernardas Albas y Marianas Pinedas. Los temas de Federico, uno de los mejores exponentes de la generación del 27, eran los de su pueblo andaluz: el amor y la muerte, materia prima de la su “Romancero Gitano” y de sus obras de teatro que quiso llevar con su grupo “La Barraca” por todas las plazas de España para que las vea el pueblo. Le tocó vivir años interesantes, apasionantes.

Vivió en aquella residencia universitaria de Madrid junto a Picasso, Dalí y Buñuel, leyó toda la poesía que pudo y a la otra, la del pueblo la escuchó en las calles y en los tablaos, la “conversó” con su gente del “jondo”. Quiso ser intensamente libre y amar como el quería que era como prohibía la doble moral tradicional que lo condenaba y lo llamaba Federico García “Loca”. Estuvo en Nueva York en aquellos meses de 1929 que preanunciaban la crisis y que le hicieron escribir: “El mascarón, ¡mirad el mascarón! Cómo viene del África a Nueva York! El mascarón bailará entre columnas de sangre y números, entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados (desocupados) que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces, ¡Oh salvaje Norteamérica! ¡Oh impúdica! Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos, que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas, que ya la Bolsa será una pirámide de musgo, que ya vendrán lianas después de los fusiles y muy pronto, muy pronto ¡Ay, Wall Street!”. Muy cerca de la mítica calle de la pared, desde el último piso del hasta entonce edificio más alto del mundo, Federico lanzó su desgarrador “Grito a Roma” dirigido al Papa: “Porque ya no hay quien reparta el pan ni el vino, ni quien cultive hierbas en la boca del muerto, ni quien abra los linos del reposo, ni quien llore por las heridas de los elefantes. No hay más que un millón de herreros forjando cadenas para los niños que han de venir. No hay más que un millón de carpinteros que hacen ataúdes sin cruz. No hay más que un gentío de lamentos que se abren las ropas en espera de la bala. El hombre que desprecia la paloma debía hablar, debía gritar desnudo entre las columnas, y ponerse una inyección para adquirir la lepra y llorar un llanto tan terrible que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante. Pero el hombre vestido de blanco ignora el misterio de la espiga, ignora el gemido de la parturienta, ignora que Cristo puede dar agua todavía, ignora que la moneda quema el beso de prodigio y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.”

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(Al piano. Federico García Lorca, en la sala de música del club Español, 
y “un himno sobre estudiantes irreverentes”.

Cuatro años más tarde, el 13 de octubre de 1933, Federico llegaba a Buenos Aires desde Barcelona a bordo del barco “Conte Grande”. Según uno de sus más destacados biógrafos, Ian Gibson, aquí fue feliz y conoció por primera vez el éxito y el reconocimiento unánime de la crítica y el público que llenó durante meses la sala del Teatro Avenida para disfrutar de “La zapatera prodigiosa”. La había estrenado en 1930 con la notable compañía de Margarita Xirgu, en el Teatro Español de Madrid, pero diría Lorca: “En realidad su verdadero estreno es en Buenos Aires y bailada por la gracia extraordinaria de Lola Membrives con el apoyo de su compañía.” El éxito de la “Zapatera” se sumó al de “Bodas de sangre que motivó esta carta a sus padres: “….ya se celebró el estreno de Bodas, que constituyó por la prensa que os mando por barco un verdadero escandalazo. Yo no he visto en mi vida una cosa igual de entusiasmo y cariño. El gran teatro Avenida es como diez veces el teatro Español de Madrid y estaba totalmente ocupado por una muchedumbre…”.

Federico brindó varias conferencias en Buenos Aires, la primera, a poco de llegar en “Amigos del Arte” sobre “Juego y teoría del duende” en la que le regaló al público argentino estas palabras: “El dirigir la palabra esta noche al público no tiene más objeto que dar las gracias bajo al arco de la escena por el calor y la cordialidad y la simpatía con que me ha recibido este hermoso país, que abre sus praderas y sus ríos a todas las razas de la tierra. A los rusos con sus estrellas de nieve, a los gallegos que llegan sonando con ese cuerno de blando metal que es su idioma, a los franceses en su ansia de hogar limpio, al italiano de con su acordeón lleno de cintas, al japonés con su tristeza definitiva. Pero a pesar de esto, cuando subía por las ondas rojizas y ásperas de cómo la melena de un león que tiene el Río de la Plata, no soñaba esperar, por no merecer, esta paloma blanca temblorosa de confianza que la enorme ciudad me ha puesto en las manos; y más que el aplauso, agradece el poeta la sonrisa de viejo amigo que me ofrece el aire luminoso de la Avenida de Mayo. En los comienzos de mi vida de autor dramático yo considero como fuerte espaldarazo esta ayuda atenta de Buenos Aires que correspondo buscando su perfil más agudo entre sus barcos, sus bandoneones, sus finos caballos tendidos al viento, la música dormida de su castellano suave y los hogares lindos del pueblo donde el tango abre en el crepúsculo sus mejores abanicos de lágrimas.”


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(Cartel del estreno de la obra “Bodas de Sangre”, en Buenos Aires)

Aquí Lorca vibró con el tango y se fascinó con el sonido único del bandoneón en aquellas interminables noches en la Peña del Tortoni, donde se reunía los artistas y poetas de la Bohemia porteña como Raúl González Tuñón . Por aquellos días conoció y escuchó cantar a Gardel, al que le dijo “en la ciudad del tango tengo la fama de un torero”. También compartió largas charlas con el cónsul chileno en Buenos Aires: Pablo Neruda y organizó con él un homenaje al enorme nicaragüense Rubén Darío que se convierte en un libro con dibujos de Lorca. Federico se enamoraba de aquellos aires buenos, de los bolichitos donde prefería el vodka ruso, en uno de ellos les leyó a sus amigos “La casa de Bernarda Alba”, que llevaba el subtítulo de “drama de mujeres en los pueblos de España” y pensaba estrenar en Madrid. En su habitación 704 del Hotel Castelar siguió escribiendo “Yerma” que le tenía prometida a Lola Membrives.

Lorca habló por teléfono a España desde los estudios de Radio Splendid en aquel emocionado saludo, uno de los pocos registros de su voz, puede escucharse: “Nadie sabe, ni se imagina, la emoción simple y profunda que rodea mi corazón como una corona de flores invisibles al saber que en estos instantes mi voz se está oyendo en América y que, sobre todo, está vibrando en Buenos Aires enredada en el gran altavoz del bar o disminuida en la pequeña radio que tienen en su cuarto de estudiante o la muchachita que hace escalas en su piano. ¡Salud, amigos!”

Federico dejó Buenos Aires el 27 de marzo de 1934 extrañándola: “Y es que Buenos Aires –decía- tiene algo vivo y personal; algo lleno de dramático latido, algo inconfundible y original en medio de sus mil razas que atrae al viajero y lo fascina. (…) Me voy con gran tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver.” Le escribía a su padre: “Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Es como me gustaría que fuera España: cosmopolita, llena de amigos, desprejuiciada, tumultuosa, desbordante de vida y de cultura. Mientras en Madrid silban y patalean cuando no entienden una obra, en Buenos Aires te agradecen la dificultad, les gusta exigirse. Son un público maravilloso. De Londres, de París y de Nueva York me fui casi disfrutando de la partida, pero sufriré mucho al dejar Buenos Aires. Ahora pienso en los días de nostalgia que voy a pasar en Madrid recordando el barro fresco, olor de búcaro andaluz, que tienen las orillas del río, y el deslumbramiento de la tremenda llanura donde se anega la ciudad, en una melancólica música de hierbas y balidos».

Dos años después la Inquisición española había encontrado en un oscuro oficial de “colonias”, Francisco Franco, el instrumento para volver a incendiar la poesía y a condenar la vida, al grito de “Viva la muerte”. EL “generalísimo” y toda la derecha española se sublevó la noche del 17 de julio de 1936 contra aquella República a la que Federico apoyaba con toda su alma y su poesía. Un mes después fue detenido por los falangistas en su querida Granada. En el expediente levantado por los que vivaban la muerte y mataban la vida, podían leerse que Federico era “un escritor subversivo y un homosexual” . Todo esto lo condenó y bastó para que aquella madrugada del 18 de agosto de 1936 fuera fusilado junto a un maestro y dos toreros anarquistas. Aquel régimen asesino que llegaba para quedarse por 40 años no soportaba tanto arte, tanto duende, les resultaba completamente inaceptable el lugar que Federico había elegido para ver la vida, el entender como pocos que para llegar a la poesía había que llegar a la dignidad, como le había dicho en un reportaje al periodista argentino Pablo Suero: “Mientras haya desequilibrio económico, el mundo no piensa. Yo lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un río. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico le dice: “¡Oh, que barca más linda se ve por el agua! Mire, mire usted, el lirio que florece en la orilla” Y el pobre reza: “Tego hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre”. Natural, el día que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la Humanidad.”

Fuente: w
ww.elhistoriador.com.ar








http://zonalibreradio1.wordpress.com/2014/08/17/federico-poeta-en-buenos-aires/

domingo, 10 de agosto de 2014

El gato y la espiritualidad














Quien no se relaciona bien con su propio inconsciente, no soporta a los gatos. 
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Él surge entonces como una amenaza, porque representa esa relación precaria del hombre con su mismo misterio.
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El gato no se relaciona con la apariencia del hombre. Él ve mucho más allá, ve por dentro y por el revés.


Se relaciona con la esencia. Si la demostración de cariño es falsa, de miedo, o sustituye inaceptables (pero existentes) impulsos secretos de agresión, el gato lo sabe. Y se defiende de la caricia. La relación de él es con aquello que esta oculto y tan bien guardado, que ni nosotros queremos, sabemos o tampoco podemos ver.

Por eso, cuando surge en él un acto de entrega, de treparse a la falda o alguna manifestación de afecto, es algo realmente verdadero que no puede ser dejado de lado. Es un gesto de confianza que honra a quien lo recibe, pues significa un juicio. El hombre no sabe "sentir" el gato, pero el gato sabe sentir al hombre...

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Si hay alguna falta de armonia real o latente, el gato la siente. Si hay soledad, él sabe y suaviza la situación como puede, pues él enfrenta su propia soledad de manera mucho más valiente que nosotros. No se manifiesta, no reclama. Solamente se aleja. Quien no sabe "leer" piensa que "él no está allí".


Presente o ausente, él enseña y manifiesta algo. Cerca o lejos, mirando o fingiendo no ver, él está comunicando códigos que no siempre (o casi nunca) sabemos traducir. El gato ve más, ve dentro y más allá de nosotros. Se relaciona con los fluidos, auras, fantasmas amigos y opresores.





El gato es médium, brujo, alquimista y parapsicólogo. Es una oportunidad de meditación permanente a nuestro lado, a enseñar la paciencia, atención, silencio y misterio. 

El gato es un monje silencioso, meditativo y sabio para contestar las preguntas dudosas, aguardando a que, en nuestra eterna búsqueda, encontremos el camino, en vez de enseñarlo ya preparado, conocido y trillado.


El gato contesta siempre con una nueva incógnita, encaminándonos a la permanente investigación de lo real, de la búsqueda incesante de la la seguridad de que cada segundo contiene la posibilidad de creatividad y de nuevas relaciones infinitas entre las cosas.




El gato es una lección diaria de afecto verdadero y fiel. Sus manifestaciones son íntimas y profundas. Exige dedicación, entrega y atención. Las personas descuidadas no son del agrado de los gatos. Personas chillonas le irritan. Todo lo que necesite promoción o explicación requiere afirmación.

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Vive de la verdad y no se ilusiona con las apariencias. Nadie en la naturaleza ha aprendido a bastarse (hasta en la higiene) a sí mismo, como el gato. Ejemplo de sueño y musculación, el gato nos enseña todas las posiciones de respiración yoga.




Enseña a dormir con entrega total y nos muestra la solución de recuperación en el Cosmos. Enseña a desperezarse con el masaje más completo de todos los músculos, preparándolos para una acción inmediata. 
Si los preparadores físicos aprendiesen el calentamiento que hace el gato, los jugadores de la banca no llevarían tanto tiempo (15 minutos) ejercitándose para entrar al campo.



El gato sale del sueño para el máximo de acción, tensión y elasticidad en un segundo. Conoce el desempeño preciso y milimétrico de cada parte de su cuerpo a la cual ama y preserva como un templo.

 Ejemplo de salud y sensualidad, de relaciones amorosas con dedicación integral de varios días, ejemplo de organización familiar y definición del espacio propio y territorio personal, administra lecciones de anatomía, equilibrio y desempeño muscular.

Ejemplo de salto, de silencio, de descanso... de introversión, de contacto con el misterio, con lo oscuro, con la sombra. Ejemplo de religiosidad sin iconos...lecciones de alimentación y "fitnesse", de buen gusto y sentido de oportunidad. Ejemplo de vida; en fin, la vida más completa, diaria, silenciosa, educada, sin cobranzas, sin vehemencias, sin exigencias.

El gato es una oportunidad de interiorización y sabiduría, hecha por el misterio a la disposición del hombre". El gato es un animal que tiene mucho cuarzo en la glándula pineal y, por lo tanto, es un trasmutador de energía y útil para la cura, pues capta la energía mala del ambiente y la transforma en saludable.



Normalmente, donde se acuesta con frecuencia es una señal de que la energía no es buena - en el caso de que el animal se arrime a alguna parte de nuestro cuerpo de manera insistente, es una señal de que aquel órgano o miembro está enfermo, o cerca de enfermarse, pues ya percibió la mala energía en determinado órgano y entonces opta por elegir esa parte de cuerpo para limpiar lo que existe allí.



Observe que, de la misma manera que el gato se acuesta en determinado lugar, salta de repente; pues siente que ya limpió la mala energía del lugar y no necesita estar más allí. El amor del gato por su dueño es de desapego pues, mientras lo necesita él está cerca y cuando no, se aleja.



En el Egipto de los faraones, el gato era adorado en la figura de la diosa Bastet, representada comúnmente con el cuerpo de una mujer y cabeza de gata. Esta bella diosa era el símbolo de la luz, del calor y de la energía. Era también el símbolo de la luna y se creía que tenía el poder de fertilizar la tierra y los hombres, curar enfermedades y conducir el alma de los muertos. En aquella época, los gatos eran considerados guardianes del otro mundo y eran comunes en muchos amuletos.



El gato inmortal existe en algún mundo intermediario entre la vida y la muerte, 
observando y esperando, pasivamente, hasta el momento en que el espíritu humano 

se vuelve libre. Entonces, y solamente así, el irá a liderar el alma hasta su reposo final".


Fuente: estadoactualidaddelaluz.blogspot.com.es
Gracias Chipy por tan fascinante artículo !




http://gatosinguantes.blogspot.com.ar/2014/08/el-gato-y-la-espiritualidad.html


lunes, 4 de agosto de 2014

Drogas en la Antigüedad


FARMAKA  Y  ENTEÓGENOS:  LAS DROGAS  SAGRADAS  EN  LA  ANTIGÜEDAD

http://www.erowid.org/plants/amanitas/amanitas.shtml


El uso de plantas psicoactivas en el contexto de celebraciones rituales no parece haber sido algo exclusivo de las ceremonias chamánicas de las sociedades no urbanas de la Antigüedad, donde está relativamente bien documentado, y en las que las creencias religiosas se hallaban poderosamente influidas por un chamanismo que inducía a la experiencia de los estados de trance. El cáñamo, como inductor, de los trances extáticos de tipo chamánico era utilizado, como hemos visto, por los escitas y por los tracios, estos últimos en el curso de rituales relacionados con el culto a Sabacio. Pero se decía que Dionisos, y también Apolo, que en un principio parece haber estado relacionado con un tipo de adivinación extática, procedían ambos de Tracia.

La embriaguez ritual provocada por las emanaciones del cáñamo no era desconocida para los asirios, que utilizaban el qunnabucomo incienso. Tampoco era desconocida para los antiguos iranios, en cuya religión debió ocupar en algún momento un lugar destacado ya que “la importancia de la embriaguez que se busca en el cáñamo aparece confirmada, además, por la enorme difusión del término iranio por el Asia Central. La palabra irania que sirve para designar el cáñamo es bangha, y ha venido a significar en muchas lenguas ugrias, tanto la seta chamánica por excelencia, Argaricus muscarius (que se utiliza precisamente como medio de intoxicación antes de la sesión o durante ella), como la embriaguez...” (Eliade, 1960: 313). También fueron ampliamente usados en los inciensos y como pócimas (kispu) de algunas ordalias, el ajenjo y las esencias del aceite del cedro, ambos con gran potencial estimulante y psicoactivo. Su utilización ritual no sólo está documentada en Mesopotamia desde tiempos sumerios y luego entre los babilonios y los asirios, sino también en Palestina e incluso entre los hebreos. Parece, en efecto, que parte de la oposición de los profetas de Yavé a los inciensos utilizados en los cultos cananeos de los "lugares altos" puede proceder de su adversión hacia sus efectos narcóticos (Godbey, 1930).


http://lalapicera.blogspot.com.ar/2011/09/estramonio-la-planta-mortal.html

El culto a un árbol sagrado en la Creta minoica ha podido estar conectado, en opinión de Sir A. Evans (The Palace of Minos, vol III: 142) a estados de trance inducidos por la ingestión de un psicoactivo que “como el Soma de los Vedas, proporciona el frenesí religioso, y al mismo tiempo implica una comunión con la divinidad inherente al álbol”. Siguiendo esta hipótesis, G. A. S. Snijder (1938) propuso hace ya muchos años, sobre la base de un estudio de las escenas de éxtasis y culto al árbol que aparecen en muchos anillos-sellos minoicos, que los cretenses podían haber dispuesto de una planta sagrada, que él creía que podía ser el beleño o el estramonio, para alcanzar, en el curso de determinados rituales religiosos, un estado de trance visionario que explicaría, de paso, algunas de las peculiaridades del arte minoico, como son las imágenes eidéticas tan frecuentes en él.


ateismoparacristianos.blogspot.com


Posteriormente G. Kriticos (1960) ha mostrado en un documentado trabajo como durante el periodo que los arqueólogos denominan Minoico Tardío III, el opio era consumido por los participantes en determinadas ceremonias religiosas, ya que provocaba estados de éxtasis durante el desarrollo del ritual. La existencia de prácticas similares en Chipre durante la misma época ha sido señalada por V. Karageorghis (1976), que las relaciona, como en el caso anterior, con el culto a alguna divinidad de la fertilidad semejante a la “Diosa de las adormideras” de Gazi. También R. S. Merilles (1962) sugiere, aunque la evidencia es menor, que un uso similar del opio se podía haber producido en Egipto, no siendo tampoco desconocido en Israel (Merilles, 1989).

En cualquier caso la liturgia egipcia no era del todo extraña a prácticas semejantes, como se desprende, por ejemplo, del uso de bebidas embriagantes durante la fiesta de Hathor, originariamente una Diosa Madre y, por tanto, una divinidad de la fertilidad, protectora de la alegría extática y festiva que sigue a la embriaguez (Bleeker, 1973: 80). Esta festividad, que coincidía con la inundación anual del Nilo, se celebraba en Dendera, a medio camino entre Abydos y Tebas, y en ella se consumía abundantemente vino y otros brebajes alcohólios em medio de música y danzas (McGovern, 2003: 136). En los festivales sagrados de Bubastis, en honor a la diosa Bastet, hija de Ra y divinidad de la alegría representada con cabeza de gato, se realizaban también rituales extáticos, tal y como nos describe Herodoto (II, 60):



“Pues bien, cuando se trasladan a la ciudad de Bubastis, hacen los siguiente: resulta que hombres y mujeres navegan juntos y, en cada baris, va un gran número de personas de uno y otro sexo, algunas mujeres llevan crótalos y los hacen repicar; algunos hombres, por su parte, tocan la flauta durante todo el trayecto, mientras que el resto de las mujeres y hombres cantan y tocan palmas. Y cuando, en el curso de su travesía, llegan a la altura de laguna otra ciudad, acercan la baris a tierra y hacen lo siguiente: mientras algunas mujeres siguen haciendo lo que he dicho, otras se burlan a voz en grito de la ciudad en cuestión, otras bailan y otras, de pie en la embarcación, se desnudan. esto es lo que hacen a su paso por todas las ciudades ribereñas. y cuando llegan a bubastis, celebran la fiesta ofreciendo grandes sacrificios y se consume más vino de uva en esa fiesta que en todo el resto del año.” (TRAD. C. Schrader).


Seguramente una de las celebraciones más importantes del calendario religioso del antiguo Egipto era el llamdo festival-Wag, que se celebraba a comienzos del Año Nuevo cuando Sothis (Sirio), la estrella más brillante en el firmamento nocturno reaparecía tras haber estado oculta setenta días y anunciaba la inminente crecida del Nilo. Tenía lugar en Abydos, sede del culto religioso a Osiris, que recibía también el apelativo de "Señor del vino durante la inundación". Durante tres días sus seguidores se entregaban a una orgía sagrada para celebrar la fiesta funeraria del dios (McGovern, 2003: 135).


El mundo helénico primitivo también parece haber conocido la utilización ritual del opio relacionada con algún tipo de culto a la fertilidad, según la opinión de algunos expertos (Kriticos-Papadaki, 1967: 17 ss; Butherwort, 1966: 175). Ya hemos visto en otra entrada la impronta de un famoso sello micénico en la que la adormidera se asocia a una diosa relacionada con algún culto al árbol. Como es sabido, la adormidera es una maleza típica de los cultivos de gramíneas, lo que explica sus relación con las divinidades de la fertilidad, ya que este útimo asepcto es también un rasgo generalizado de las divinidades agrícolas. No es de extrañar, por tanto, el uso frecuente de la adormidera y su extracto, el opio, en los santuarios de Astarté-Afrodita en el Medieterráneo oriental, en los que el “uso del opio contribuía en los sacrificios en su honor excitando el deseo sexual” (Karageorghis, 1976: 129).

Otras sustancias han podido ser igualmente empleadas. El vino cretense y el micénico, que desempeñarón una importante función en el culto religioso, eran una mixtura en la que no faltaban, de acuerdo con la propia evidencia de los textos del Líneal A y B, distintas hierbas y especias. En un vaso procedente de la ciudadela de Micenas (McGovern, 2003: 275) perteneciente al periodo Heládico tardío (1190-1130 a. C.) se han hallado dos cetonas específicas de la ruda (Ruta graveolens), conocida posteriormente por su uso como narcótico y agente medicinal.


La utilización ritual de psicoactivos vegetales tampoco escapó a la, posterior cultura greco-romana. Como dice M. P. Nilsson (A History of Greek Religion, Oxford, 1925: 205): “Hay en todo hombre, por humilde que sea su condición, un anhelo latente de comunión con lo divino, de sentirse elvado de lo temporal a lo espiritual. Esta forma de éxtasis econtró su heraldo en el dios que, junto a Apolo, se había grabado com mayor fuerza en el sentido religioso de la época: Dionisos”. Más atrás hemos visto como se asociaba a Dionisos, divinidad extática por excelencia, no sólo con el cultivo de la vid y la elaboración del vino, sino también con una serie de tradiciones botánicas muy antiguas, en las que parece tener algo que ver con los hongos enteógenos y otras plantas de propiedades psicoactivas, como la adormidera o la hiedra silvestre. Pero, ¿poseía alguna de estas propiedades el vino de Dionisos?. Algunos indicios permiten sospecharlo.


De los guerreros “energúmenos” al simposio aristocrático.
Otras experiencias extáticas entre los antiguos griegos tenían que ver con la guerra. Los héroes homéricos, que después querrán emular los aristócratas de la época arcaica, debían su fuerza no tanto a su fortaleza física como a un poder interior que se obtenía mediante una técnica empleada por muchos otros pueblos. Se trataba, originariamente y en esencia, de guerreros “energúmenos” o “fuera de sí” que peleaban en un estado de trance capaz de proporcionarles la victoria. Que primitivamente este trance haya podido ser alcanzado gracias a la ingestión de algún psicoactivo de origen vegetal no parece muy descabellado, aunque no hay forma de probarlo. Guerreros extáticos de esta índole son conocidos en muchas partes del mundo gracias a testimonios históricos y etnográficos. Los tracios, por ejemplo, tenían fama de salir a guerrear algo bebidos, al igual que algunas tribus celtas de Europa. Entre los antiguos germanos los berserkir eran una clase de “guerreros fieras” que se apropiaban mágicamente del furor animal transformándose en fieras para el combate. Algunas tribus escitas parecen haber practicado igualmente este tipo de combate en un estado de frenesí o de trance cubiertos con pieles de lobo







En su trabajo "Del serpent de Cadmos a la lira d’Amfio", J. Pòrtulas nos recuerda como el mismo Orfeo parece haber sido el lider de una banda de guerreros extáticos según ciertas interpretaciones de F. Graf: “Kampfwut”, an ecstasy or trance which the warriors reach by various means before the battle and which enables them to perform spectacular feats. It is attested for many archaic Indo-European societies, among them the Germans, the Celts,the Iranians […] These ecstatic warriors always form secret societies […]. Much more prominent are elements which belong to an initiatory society of warriors, a phenomenon well attested among the Indo-Europeans and stilllingering just beneath the surface of some archaic Greek institutions» (Graf, 1988: 99-102).

R. Graves (1994: 80 ss), por su parte, señala el curioso episodio de los trescientos zorros que Sansón soltó con antorchas prendidas en sus colas en los campos de trigo de los filisteos y que el interpreta como un grupo de guerreros extáticos intoxicados con hongos, a los que en muchas partes del mundo se les ha denominado y aún de les llama “zorritos”. Un distintivo de los guerreros homéricos era la máscara de Gorgo que portaban en sus escudos, emblema terrorífico de la muerte, cuya sola visión infundía pavor y estrechamente relacionada con las serpientes. Pero si la gorgona Medusa, que posee los mismos atributos, ha podido ser originariamente, como hemos visto, un hongo visionario, merecería la pena considerar, al menos como simple hipótesis, que tal vez los primitivos guerreros helénicos, hayan conseguido su trance extático (de éxtasis) mediante la ingestión de algún hongo psicoactivo.


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El vino dionisíaco y el trance menádico.

Es conocido que los antiguos griegos diluían el vino en agua, lo que se hacía generalmente en una proporción de tres partes a una, antes de berberlo, y que consideraban el tomarlo puro como una costumbre bárbara. Aún así había vinos tan fuertes que exigían una concentración aún menor. Plinio (Hist. Nat., XIV, 53), por ejemplo, nos informa de uno que para poder ser bebido sin peligro era necesario mezclarlo con, al menos, ocho partes de agua. Tal potencia no podía proceder de su contenido alcohólico, ya que se desconocían los procedimientos de destilación, siendo el alcohol mismo desconocido, como prueba que en griego antiguo no exista una palabra para nombralo.

En ocasiones se menciona, específicamente, que el el vino hay una droga, como en el ejemplo, al que ya hemos aludido, de Helena y el nephentes. Plutarco (Mor., III, 655 e), hablando de las Antesterias, señala que en el vino había una droga causante de que se abrieran los sepulcros y los espíritus de los difuntos pudieran regresar a Atenas para el banquete (o de que la gente lo creyera así). La adelfa (nerium oleander) se añadía en ocasiones al vino para aumentar su poder embriagante, según testimonian Teofrasto (Hist. Plant., IX, 12, 1) y Plinio (Nat. Hist., XXI, 45). También el ciclamen (cyclamen persicum) se añadía al vino para hacerlo más fuerte, como afirma Dioscórides (De mat. med., II, 152). De acuerdo con otros testimonios (Diógenes Laercio, III, 39) los vinos reservados para fines religiosos eran mucho más potentes que los habituales, ya que con ellos se prentendía provocar la locura.

Algunas representaciones en los vasos utilizados para la ceremonia de las Leneas muestran como se agregan hierbas al vino sagrado durante la mixtura, en presencia de la efigie de Dionisos. De hecho, “estos vasos muestran a las devotas del dios en estados de éxtasis o locura, mientras mezclan el vino en un Krater, o `vasija para mezclas´, en una mesa tras de la cual se yergue el pedestal enmarcado del dios. Encima de la mesa o pendiendo de ella hay diversas plantas y hierbas. Una vasija presenta incluso a una mujer que añade al krater una pizca de alguna hierba.” (Wasson-Hoffmann-Ruck: 152, n. 77). En las representaciones de las tragedias en Atenas, originalmente unos festivales conectados con Dionisos, los espectadores bebían un vino llamado, como el que se bebía en las bodas, trimma, aparentemente por los aditivos que se “molían” y se ponían en él con el fín de reforzar el dominio de la emoción sobre la racionalidad (Ruck, 1996: 285).

Todo esto aumenta la sospecha de que el trance menádico estaba fundamentalmente provocado por la ingestión de un vino al que se le habían añadido determinadas plantas y extractos vegetales con el fin de convertirlo en un licor psicoactivo. El éxtasis así inducido era reforzado con técnicas y procedimientos, como las carreras y danzas rituales, que constituyen otro medio de provocar el trance muy difundido en la Antigüedad.





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