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miércoles, 29 de febrero de 2012

Nicolás Flamel y la Piedra Filosofal

El alquimista, cuadro de sir Williams Fettes Douglas

La piedra filosofal, también llamada "elixir rojo" o "tintura de oro" es una sustancia en forma de polvo,
obtenida mediante complejos procesos alquímicos, que permite transmutar cualquier metal en oro. Se le atribuye asimismo la propiedad de curar todas las enfermedades y proporcionar la inmortalidad a quien la ingiera.
La transmutación de los metales era el objetivo principal del arte medieval de la Alquimia., que constituía a la vez una búsqueda experimental y espiritual, motivo por el cual sus tratados están escritos en un lenguaje hermético, que resulta ininteligible a los no iniciados. Los procedimientos alquímicos conllevan una carga simbólica que sus practicantes deben comprender antes de ponerlos en práctica.
Se basaban en la creencia de que toda sustancia material está formada por los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) y dos principios básicos: azufre y mercurio. El alquimista debía buscar una materia prima y realizar sobre ella cuatro operaciones: licuarla, evaporar el agua superflua, separar los dos principios básicos y después purificarlos. Paradójicamente para obtener la piedra filosofal, la materia prima de partida era una pequeña cantidad de oro, inversión inicial que llevó a muchos a la ruina.
La época dorada de La Alquimia fue campo abonado para timadores que se presentaban ante sus víctimas como depositarios de los secretos de la piedra filosofal.                                                                        Realizaban demostraciones prácticas basadas en burdos trucos (como, por ejemplo recubrir con hierro una barra de oro) y en el poder de sugestión que proporcionaba la creencia generalizada en ciertos antecedentes.
Existían personajes célebres a los cuales se les atribuía más allá de toda duda el logro de la transmutación de los metales en oro: Ramón Llull, Arnaldo de Vilanova, Paracelso, Bernardo Trevisano y, sobre todo, Nicolás Flamel, quien además dejó una narración de sus investigaciones: "Explicación de las figuras jeroglíficas puestas por mí, Nicolás Flamel, escribano, en el cementerio de los Inocentes, en la cuarta arcada".
Flamel era librero y escribano en la ciudad de París. Una noche un ángel se le apareció en sueños y le mostró un libro extraordinario, cuyo contenido, sin embargo, no llegó a ver. Años después, en 1357, un hombre entró en su librería y le ofreció un volumen en el cual Flamel reconoció aquel libro de sus sueños. Aunque el hombre le pidió la importante suma de dos florines, él no dudó en comprarlo.
Tenía una tapa de cobre bien encuadernada, sus hojas no estaban hechas de papel ni de pergamino, sino de corteza de arbusto, y parecía muy antiguo. En lugar de letras contenía unas figuras extrañas que Flamel no alcanzaba a comprender, y lo firmaba un tal Abraham el Judío.

Nicolas Flamel

Durante los años siguientes, con la ayuda de su fiel esposa Perenelle, intentó descifrar el contenido del libro. Sin embargo, a pesar de dedicarle varias horas durante todas las tardes, no realizaba ningún progreso. Frustrado consultó a los alquimistas más celebres de París, pero estos no supieron proporcionarle pista alguna acerca del significado de aquellos símbolos.
Como en Francia no hallaba respuestas, decidió viajar a la cuna de la Alquimia europea: La Península Ibérica. Mientras peregrinaba a Santiago de Compostela, conoció a un judío converso llamado Canches, quien al ver una copia de varios pasajes del libro le dijo emocionado que aquellos signos estaban relacionados con La Cábala. Deciden entonces regresar juntos a París para profundizar en el estudio de la obra- Antes de llegar, Canches, ya muy enfermo desde tiempo atrás, muere.
No obstante, el español ya había dado a Flamel la clave para descifrar el manuscrito, por lo que este continuó estudiándolo, en compañía de su esposa, y pronto ambos comenzaron a realizar experimentos. En 1382 logran convertir mercurio en plata. Unos meses más tarde obtienen la piedra filosofal y el 25 de abril transmutan por fin una cierta cantidad de mercurio en oro puro. A partir de aquí amasan una pequeña fortuna que dedican sobre todo a obras de caridad. Al menos, eso es lo que  el propio Flamel cuenta en el escrito que se le atribuye.


Se considera un hecho comprobado que Nicolás Flamel adquirió una gran fortuna en muy poco tiempo, lo cual se convirtió para sus contemporáneos en prueba irrefutable de que poseía el secreto de la transmutación de los metales. Unos años después de su muerte, tanto su tumba como la de su esposa fueron saqueadas para buscar la piedra filosofal y el libro de Abraham el Judío, pero ni una ni otro aparecieron.
Algunos dicen que tampoco se encontraron los restos del matrimonio, ya que ninguno de los dos murió realmente, ni morirán nunca, gracias a las propiedades regeneradoras de la piedra filosofal. La escritora inglesa J:K: Rowling aprovechó esta leyenda para su novela Harry Potter y la Piedra filosofal.



Piedra-filosofal.jpg
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domingo, 1 de mayo de 2011

Alquimia/ La entrada abierta al Palacio cerrado del Rey/ Irineo Filaleteo




Ars Secreta - Laboratorio del alquimista -

LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY IRENEO FILALETEO


Habiendo alcanzado yo, Filaleteo Filósofo Anónimo, los arcanos de la Medicina, de la Química y de la Física, he decidido componer este pequeño tratado en el año 1.645 de la redención del mundo y el trigésimo tercero de mi edad, a fin de pagar lo que debo a los hijos del arte y para tender la mano a aquellos que se han extraviado en el laberinto del error, para que los Adeptos me vean como su par y su hermano; en cuanto a aquellos que han sido seducidos por los vanos discursos de los Sofistas, reconozcan y sigan la luz, gracias a la cual regresarán sin peligro. Presagio, en verdad, que no pocos serán alumbrados por mis trabajos.



Comunidad de la niebla


No son en modo alguno fábulas, sino experiencias reales que he visto, hecho y conocido: el adepto lo inferirá fácilmente leyendo estas páginas, por ello, escribiéndolas para el bien del prójimo, me basta con declarar que nadie ha hablado de este arte tan claramente como yo; ciertamente, mi pluma ha dudado a menudo en escribirlo todo, deseoso que estaba por esconder la verdad bajo la máscara de la envidia. Pero Dios, sólo él conoce los corazones, me obligaba y no he podido resistirle; sólo a él sea la gloria en los siglos. Por lo que concluyo que, indudablemente, muchos en esta última edad del mundo tendrán la dicha de poseer este secreto; pues he escrito lealmente, no dejando al estudioso principiante ninguna duda por satisfacer plenamente.


III
Y se ya que muchos, como yo, poseen este secreto, y estoy persuadido de que hay muchos otros más, con los que próximamente entraré, por así decirlo, en una familiar y cotidiana comunicación. Que la santa voluntad de Dios haga lo que le plazca, me reconozco indigno de operar estas cosas tan admirables: sin embargo adoro en ello a la santa voluntad de DIOS, a la que deben estar sometidas todas las criaturas, pues es en función de él solamente que las creó y las mantiene creadas.




Comunidad de la niebla

I. DE LA NECESIDAD DEL MERCURIO DE LOS SABIOS PARA LA OBRA DEL ELIXIR


I
Quienquiera que desee poseer este Toisón de Oro, debe saber que nuestro polvo aurífico, al que llamamos nuestra piedra, es el Oro, sólo que digerido hasta el más alto grado de pureza y de fijación sutil a que pueda ser llevado, tanto por la naturaleza como por la sagacidad del arte. Convertido en esencia, este oro ya no es del vulgo, lo llamamos nuestro oro; es el grado supremo de perfección de la naturaleza y del arte. Podría, a este respecto, citar a todos los Filósofos, pero no tengo necesidad de testigos, pues yo mismo soy un Adepto y escribo con más claridad que ninguno hasta ahora. Que me crea aquél que quiera, que me desapruebe aquél que pueda, que se me censure incluso, si alguien lo desea: sólo se irá a parar a una profunda ignorancia. Los espíritus demasiado sutiles, declaro, sueñan quimeras, pero el diligente hallará la verdad siguiendo la vía simple de la naturaleza.


II

El oro es pues el único y verdadero principio a partir del cual puede producirse oro. Sin embargo, nuestro oro, que es necesario para nuestra obra, es de dos clases. Uno, fijo, llevado a la madurez, es el Latón rojo, cuyo corazón o centro es un fuego puro. Por ello su cuerpo se defiende en el fuego, en el que recibe su purificación, sin ceder nada a la violencia de aquél o sin sufrir por ello. Este oro, en nuestra obra, hace el papel de macho. Se le une nuestro oro blanco, más crudo (que es nuestro segundo oro, más crudo) en cierto modo como simiente femenina, con el que se una y en el que deposita su esperma. Se unen (coit) el uno con el otro en un lazo indisoluble en el que se forma nuestro Hermafrodita, que tiene el poder de ambos sexos. Así el oro corporal está muerto antes de ser unido a su novia, con la que el azufre coagulante, que en el oro es exterior (extraversum) se invierte. Entonces se esconde la grandeza (altitudo) y se manifiesta la profundidad. Así, el fijo se hace volátil por un tiempo a fin de poseer un estado más noble por su herencia, gracias al que obtendrá una fijeza muy poderosa.

III
Así pues, se ve que todo el secreto consiste en el Mercurio, del cual el Filósofo dice: “En el Mercurio se encuentra todo lo que buscan los Sabios”. Respecto a ello, Geber declara: “Alabado sea el Altísimo, que ha creado a nuestro Mercurio y que le ha dado una naturaleza que lo sobrepasa todo”. Ciertamente, en efecto, si éste no existiera, los Alquimistas no podrían glorificarse, Y la obra Alquímica sería vana. Está claro, por consiguiente, que este Mercurio no es el vulgar, sino el de los Sabios. Pues todo Mercurio vulgar es macho, o sea corpóreo, especificado y muerto, mientras que el nuestro es espiritual, femenino, vivo y vivificante.


IV
Prestad pues atención a todo lo que diré del Mercurio, porque, según el Filósofo, “nuestro Mercurio es la sal de los Sabios, sin la que, quienquiera que deseara operar, sería como un arquero que disparase flechas sin cuerda”. Y sin embargo, no se le puede encontrar en ningún lugar sobre la tierra. No obstante, el hijo es formado por nosotros, no creándolo, sino extrayéndolo de las cosas que lo encierran, con la cooperación de la naturaleza, de un modo admirable, por un arte muy sagaz.







http://comunidaddelaniebla.wordpress.com/2008/11/




domingo, 27 de marzo de 2011

Alquimia/Imágenes







E

El descubrimiento del fósforo. Cuadro del pintor Joseph Wright. Momento en que el alquimista Henning Brandt se arrodilla impresionado por su descubrimiento de un nuevo elemento. Una luz brillante que ilumina su laboratorio en penumbras.




http://editoremancipado.blogspot.com/2009_12_01_archive.html

viernes, 25 de marzo de 2011

Alquimia/ Misterio de las Catedrales - Fulcanelli -1922 -

Conclusión final


La ciencia misteriosa requiere mucha precisión, exactitud y perspicacia en la observación de los hechos;
un espíritu sano, lógico y ponderado; una imaginación viva sin exaltación; un corazón ardiente y puro"

La naturaleza no abre a todos por igual la puerta del santuario-
Tal vez descubrirá el profano en estas páginas alguna  prueba de una ciencia verdadera y positiva. Pero no creemos que podamos alardear de convertirle, pues no ignoramos la tenacidad de los prejuicios y la fuerza enorme del recelo. El discípulo sacará de ellas mayor provecho, a condición empero, de que no menosprecie las obras de los antiguos filósofos, de que estudie con cuidado y penetración los textos clásicos, hasta adquirir la clarividencia suficiente para discernir los puntos oscuros del manual operatorio.

Nadie puede aspirar a la posesión del gran Secreto, si no armoniza su existencia al diapasón de las investigaciones emprendidas.
No basta con ser estudioso, activo y perseverante, si se carece de un principio sólido, y de base concreta, si el entusiasmo inmoderado ciega la razón, si el orgullo tiraniza el buen criterio, si la avidez se desarrolla bajo el brillo intenso de un astro de oro.

...Exige además, una gran sencillez y una indiferencia absoluta frente a teorías, sistemas e hipótesis que,  fiando en los libros o en la reputación de sus autores, suelen aceptarse sin comprobación. Quiere que sus aspirantes aprendan a pensar más con el propio cerebro y menos con el ajeno. Les pide, en fin, que busquen la verdad de sus principios, el conocimiento de su doctrina y la práctica de sus trabajos en la
Naturaleza, nuestra madre común.


Por el ejercicio constante de las facultades de observación y del razonamiento, por la meditación, el neófito subirá los peldaños que conducen al

                                                        SABER




La meditación ingenua de los procedimientos naturales, la habilidad conjugada con el ingenio, las luces de una larga experiencia le asegurarán el

                                                       PODER




Pudiendo realizar, necesitará todavía paciencia, constancia, voluntad inquebrantable. Audaz y resuelto, la certeza y la confianza nacidas de una fe robusta permitirán a todo (Adepto)


                                                       ATREVERSE



Por último, cuando el éxito haya consagrado tantos años de labor, cuando sus deseos se hayan cumplido, el Sabio, despreciando las vanidades del mundo, se aproximará a los humildes, a los desheredados, a todos los que trabajan, sufren, luchan desesperan y lloran aquí abajo. Discípulo anónimo y mudo de la Naturaleza eterna, apóstol de la eterna Caridad, permanecerá fiel a su voto de silencio.

En la ciencia, en el Bien, el Adepto debe para siempre

                                                        CALLAR






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jueves, 24 de marzo de 2011

Alquimia/ Finis Gloriae Mundi/



zentrozen.com


La última obra firmada por Fulcanelli:
pseudónimo de un autor desconocido de libros de alquimia del siglo XX.

Completa una trilogía iniciada con "El misterio de las catedrales" y "Las moradas filosofales", publicados en 1929 y 1930 respectivamente. Llama poderosamente la atención el gran lapso de tiempo transcurrido entre la aparición de las dos primeras obras y la firma de la segunda: 1999!
Según dice el receptor del manuscrito, Jacques d'Ares (Presidente de Honor del Centro Europeo de Mitos y Leyendas), a quién le fué enviado por internet en 1999 para resguardar mejor el anonimato:
Se han lanzado diversas especulaciones sobre la personalidad o grupo que se oculta bajo el seudónimo.

Biografía:

Es mucho lo que se ha escrito sobre la vida de este personaje, pero la mayor parte de sus biografías están basadas en testimonios inciertos, pues al parecer ocultaba expresamente toda información sobre su persona, propiciando la circulación de infinidad de rumores. Algunos han especulado sobre su posible nacimiento en 1877 en Villiers-le-Bel (Francia) y su muerte en la pobreza en París el año 1932.




Fulcanelli se movió hasta los años veinte del siglo pasado por Francia y ocasionalmente por España: País Vasco, Sevilla y Barcelona. Para algunos era un personaje de vasta erudición con importantes contactos y relaciones con círculos selectos e influyentes, como Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc, arquitecto y restaurador de catedrales góticas francesas, con quién compartió su admiración y estudio por el arte gótico, lo que le permitió interpretar con éxito el papel que la alquimia juega en las esculturas que adornan estas construcciones, muy especialmente las impresionantes representaciones en las gigantescas catedrales góticas (relieves, portadas, escultura, suelo,vidrieras). La identidad de Fulcanelli, está por dilucidar. Incluso podría ser un seudónimo de un colectivo de alquimistas. El nombre de Fulcanelli parece estar relacionado mediante la cábala fonética con Vulcano-Hélios o bien con Vulcano-Hellé .

                             http://www.finisgloriaemundi.org/alchemy

Con la escasa información y los comentarios de su discípulo y albacea Eugène Canseliet, diversos autores han adelantado varias hipótesis sobre su identidad:-Julien Champagne, pintor francés (hipótesis de Robert Ambelain, René Schwaller de Lubicz, Jules Boucher y Geneviève Dubois).
-Camille Flammarion, eminente astrónomo francés (esta hipótesis es sostenida por Frédéric Courjeaud).
-El notario o escribiente Rosny-Aîné.
-Pierre Dujols, librero parisién de la época.
-René Schwaller de Lubicz (versión sostenida por el científico Jacques Bergier).
-F. Jollivet-Castelot (tesis doctoral de Pierre Pelvet).
-Eugène Canseliet (versión de Paul Le Cour).
-El llamado conde de Saint Germain (un personaje, supuestamente inmortal, que aparece públicamente en cada siglo).
-Jules Violle, físico francés de renombre (versión de Patrick Rivière y de Jacques Keystone).
-Alphonse Jobert, doctor francés (versión sostenida por Richard Khaitzine). Jacques Bergier menciona en su libro "El retorno de los brujos" que Fulcanelli y otro alquimista se dedicaron a visitar a los más conocidos físicos nucleares entre las dos Guerras Mundiales. Ambos describieron somera pero muy gráficamente en qué consistía un reactor nuclear y advirtieron de los peligros de las sustancias subproductos de las reacciones. Esto pasó sin mayores atenciones respecto de los científicos hasta que Fermi logró la primera reacción en cadena. Alguno de los visitados recordó, entonces, la conversación mantenida con alguno de los dos supuestos alquimistas y comunicó la historia a los servicios de inteligencia correspondientes. Inmediatamente los servicios aliados comenzaron la búsqueda de ambos personajes. Fulcanelli fue imposible de encontrar, mientras que la otra persona resultó fusilada en el norte de África por ser colaboradora de los alemanes. Es muy difícil hallar pruebas de tales cosas, más allá del texto del libro antecitado. Jacques Bergier fue ayudante del físico francés Louis de Broglie y formó parte de la inteligencia de los Aliados. Si esto es cierto, es improbable que Fulcanelli fuera un científico conocido, pues hubiera sido reconocido por algún colega.

A partir de la búsqueda de estos dos personajes y del comienzo de la carrera hacia la construcción de una bomba nuclear los servicios de inteligencia compraron cualquier libro de alquimia que se pusiera a su alcance. No hay comprobación oficial a nivel público de estos relatos, pero tampoco ninguna desmentida conocida. Obra:





Fue autor de tres obras cumbres de la alquimia:

El misterio de las catedrales y la interpretación esotérica de los símbolos herméticos (Le Mystère des Cathédrales), escrito en 1922 y publicado en París en 1929.
Las moradas filosofales y el simbolismo hermético en sus relaciones con el arte sagrado y el esoterismo de la gran obra (Les Demeures Philosophales), publicado en Paris en 1930.
Para algunos pudo haber muerto en un desván de la calle Rochechouart de Paris sin terminar el tercero y último libro que iba a ser el colofón de su obra: Finis Gloriae Mundi, título inspirado en una pintura del pintor sevillano Juan de Valdés Leal que en la actualidad está colgada en la iglesia sevillana del Hospital de la Caridad. En ese libro se completaría la revelación del misterio alquímico o verbum dimissum (La palabra perdida) dando respuesta a los miles de años de búsqueda de los alquimistas.
En el año 2001 apareció en francés un texto con el título de Finis Gloriae Mundi como si fuese el texto que en su momento no se publicó. Para la mayoría de los estudiosos es un texto apócrifo ya que dicha obra relata sucesos que acontecen tras la segunda guerra mundial, fecha para la cual se supone al autor ya fallecido. No obstante, otros estudiosos del tema entienden que el elixir de larga vida no es en modo alguno una quimera de la alquimia, sino una de las pruebas de la consecución de la piedra filosofal. El autor de la versión revisada del Finis Gloriae Mundi afirma en la nueva publicación: " No es costumbre que un adepto vuelva a coger la pluma después de haber franqueado la transmutación (...) abandonemos el manto de silencio con el que se cubre quien pasa por las ascuas del fénix", sugiriendo precisamente esto.
Fulcanelli (2003). El misterio de las catedrales, Colección: Ensayo Filosofía Debolsillo. Barcelona: Debolsillo. ISBN 9788497595148.
- (2002). Finis Gloriae Mundi, prol. de Jacques D´Ares. Barcelona: Ediciones Obelisco (No es seguro que sea una obra de su Autoría). ISBN 9788477209379.
- (2001). El misterio de las catedrales, 1 archivo de Internet (500 Kb) (E-Book). Brenes: Muñoz Moya. Editores Extremeños. ISBN 9788496074149.
- (2000). Las moradas filosofales, Barcelona: Ediciones Índigo. ISBN 9788489768475.

                                      creactivistas.com

Sobre Fulcanelli
Johnson, Kenneth Rayner (1982). El misterio Fulcanelli, Madrid: Mr ediciones. ISBN 9788427007444.
Martínez Otero, Luis Miguel (1986). Fulcanelli, una biografía imposible, Barcelona: Ediciones Obelisco. ISBN 9788486000820.
Nataf, Andre (1994). Los maestros del ocultismo, Madrid: Alianza Editorial. ISBN 9788420694207.
Silva Mascuñana, Luis (2006). Tratado de Philosoteria: alquimia real desvelada, Madrid: Ediciones Atlantis. ISBN 9788496621183.
VV.AA (2002). Los alquimistas del siglo XX, Barcelona: Ediciones Obelisco. ISBN 9788477209300.
José Luis Corral Lafuente (2008). Fulcanelli, el dueño del secreto, Edhasa. ISBN 9788492472079.

http://es.wikipedia.org/wiki/Fulcanelli

Quería colgar el libro después de haberlo leído y releído. Pero lo cierto es que todavía no he terminado con la primera lectura. Tarea difícil de emprender para alguien como yo, que sin haber leído las dos primeras obras y, sobretodo, sin saber nada de alquimia..se propone abarcar una obra como esta. A pesar de todo, uno se va quedando con detalles interesantes y muy reveladores. Yo no diría que es un libro de alquimia o para iniciarse en ella, sinó más bien una revelación o advertencia relacionada con estos últimos tiempos, al alcance de verdaderos entendidos en la materia pero con voluntad de que "el pueblo" sepa. Su lenguaje retórico y la base de la que parte, la alquimia, dando por sentado que sus posibles lectores son al menos iniciados, hacen que su lectura sea difícil. A ver si entre todos le podemos sacar el máximo jugo, porqué habla de alquimia, definida por el depositario inicial de la obra como "la ciencia de la vida", pero habla también de conceptos como "el fin de los tiempos" (textualmente: "que no tiene nada que ver con lo que algunos llaman el fin del mundo"), "la era de acuario", "la inversión de los polos" (le dedica un capítulo), "el Gran Año precesional", "las cuatro edades tradicionales" (la actual sería la de hierro), "la piedra" (en un símil alquímico con la 5ª esencia u elemento purificador), la gran ramera que menciona el Libro del Apocalipsis (según entiendo, lo aplica a los que están jugando a alquimia con el planeta),...


El fin de este siglo ve resurgir juntas ambas tentaciones, la de acabar la civilización "occidental" con una triumfal salida de la historia y la de acelerar un proceso de degeneración con la esperanza de alcanzar mecánicamente, gracias al cataclismo, alguna nueva Edad de Oro
El libro parte de la descripción e interpretación del simbolismo secreto de un cuadro cuyo lema reza: "Finis Gloriae Mundi", obra de Juan Valdés Leal, pintor español del siglo XVII y evidente conocedor de los secretos de la alquimia.

                              Juan de Valdés Leal - Sevilla 1672
                              Hospital de la Caridad -Sevilla-

"Así la trilogía de Fulcanelli forma un todo perfectamente coherente y es normal que este libro escrito en la urgencia sea el último que firme Fulcanelli"